Reflexiones de Francisco en 2da. semana de marzo de 2017(*)

En qué momento sentimos que Dios nos toca el corazón??? “Hay una montaña de cosas para meditar, pero san  Ignacio dice que cuando uno encuentra  en los Ejercicios algo que da consuelo o desconsuelo, debe detenerse allí y no seguir adelante. Seguramente cada uno de nosotros ha encontrado una o dos, entre todo esto. Y el resto no se desperdicia, permanece, servirá para otra vez. Y quizás las cosas más importantes, las  más fuertes, a algunos no le dicen nada, y tal vez una palabrita, una cosa [pequeña] les dice más...  Como esa anécdota del gran predicador español,  al que, después de un gran sermón bien preparado,  se acercó un hombre -gran pecador público- llorando, pidiendo la confesión; se confesó, una catarata de pecados y lágrimas, pecados y lágrimas. El confesor, sorprendido -porque conocía  la vida de este hombre- le preguntó: "Pero, dígame ¿en qué momento ha sentido que Dios le tocaba el corazón? ¿Con qué  palabra?...  Cuando  usted dijo: Pasemos a otro tema”. A veces, las palabras más simples son las que nos ayudan, o las más complicadas: a cada uno, el Señor le da la palabra justa”. 10/3/2017. Al Director de los Ejercicios Espirituales. RV.
Breve síntesis entrevista al Semanario alemán Die Zeit. 9/3/2017. RV.
“No me considero un hombre excepcional. Soy un pecador, un hombre que hace lo que puede, común”. “No se olvide que la idealización de una persona es una forma sutil de agresión y cuando me idealizan, me siento agredido”. “Desde el momento en que he sido elegido Papa no he perdido la paz. Comprendo que a alguien no le guste mi modo de actuar, pero lo justifico; hay tantos modos de pensar, es legítimo y también es humano, es una riqueza”.
“Donde no hay sacerdotes, falta la Eucaristía y una Iglesia sin la Eucaristía no tiene fuerza. La Iglesia hace la Eucaristía, pero la Eucaristía hace la Iglesia. Si faltan las vocaciones sacerdotales es porque falta la oración. También está el problema de la baja natalidad. El celibato opcional no es la solución. Mientras la cuestión de los “viri probati” es una posibilidad, pero después hay que precisar los deberes que pueden asumir para las “comunidades aisladas”.
“Yo me enojo… y ahora me he acostumbrado; pero el Señor quiere más a los pecadores. La crisis es para crecer en la fe. No se puede crecer sin crisis. La crisis es parte de la vida y una fe que no entra en crisis para crecer, generalmente permanece infantil. La fe  es un don: te la dan. La pido, y Él responde. ¡Antes o después, eh! Pero a veces, debes esperar en una crisis.  Los miedos cierran las puertas. En cambio, la libertad abre las puertas”.
“El hombre es imagen de Dios, es bueno, pero ha sido tentado y se ha herido: es una bondad herida, por tanto, es débil. La maldad es otra cosa, más fea. Por ejemplo: Adán no fue malo. Fue débil, fue tentado por el diablo. En cambio, la primera maldad es la del hijo, la de Caín, que mata no por debilidad, sino por celos, por envidia, por deseo de poder…  es la maldad de las guerras. Es la maldad que hoy encontramos en la gente que mata: mata al otro, la maldad de quien fabrica armas”. 
“Se habla de los mafiosos que se hacen el signo de la cruz antes de matar: Es una enfermedad religiosa, esto enfada. Pero enfada más  cuando la Iglesia no da testimonio de fidelidad al Evangelio: eso me hace mal”.
“Detrás del populismo siempre hay un mesianismo. Siempre. Los grandes políticos de la posguerra en el Viejo Continente se han imaginado la unidad europea, una cosa no populista, una hermandad de toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales. Y estos son los grandes líderes que son capaces de llevar adelante el bien del país sin ser ellos el centro. Sin ser un mesías: el populismo es malo, y al final termina mal, como nos lo demuestra el Siglo pasado”.

¿Qué pasaría si tratásemos a la Biblia como tratamos a nuestro teléfono móvil?  “Si la lleváramos siempre con nosotros, o por lo menos el pequeño Evangelio de bolsillo, ¿Qué sucedería? Si  volviéramos a buscarla cuando nos la olvidamos, si la abriéramos varias veces al día, si leyéramos los mensajes de Dios contenidos en la Biblia como leemos los mensajes del teléfono... ¿Qué pasaría? Claramente, la comparación es paradójica pero nos hace reflexionar. Si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Él y ningún obstáculo podría desviarnos del camino del bien; sabríamos vencer las sugerencias cotidianas del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; seríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles  y necesitados, y también a nuestros enemigos”. 5/3/2017. Ángelus. RV.
Reflexiones del Papa Francisco. Síntesis semanal, en base a extractos textuales. Producido, desde el 7 de agosto de 2013 por María Cristina Camacho de Armas y difundido en: camachodearmas@gmail.com, http://nueva-realidad.blogspot.com.ar/ y https://www.facebook.com/catedrafrancisco.

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